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Madrugada

Sé que sigo viva cuando pongo mis manos debajo del agua caliente y siento de a poco que la sangre vuelve a recorrerme. Mojo mi cara entre sueños que se desperezan como gatos, lentamente, con temor a despertar… y mientras tanto le pregunto a mi reflejo si ha encontrado una respuesta… Sin obtener nada a cambio, mi cara se aleja de la ventana del alma, cierro mis ojos y resuelvo continuar con el inquebrantable deseo de ser alguien… Con un café en la mano y la pereza en la otra, intento disuadirme de volver a la cama. Miles de segundos parecen abalanzarse en el reloj y lanzarse desprevenidos desde las alturas de la aguja que marca las en punto… Me deslizo por el pasillo de mi casa, parezco un ladrón y luego desaparezco… Recito una vez más los mismos pensamientos de cada mañana, sin decírselos a nadie, sola y en silencio… Un perro atolondrado ladra en la oscuridad de la madrugada recién parida y una revolución de ecos de lata dan la vuelta en la esquina. Después del susto me recupero y emprendo la marcha, inalterada, eterna... Si supiera hacia adónde tal vez sería más fácil, más corto el trayecto… Pero creo estar descubriendo que el andar es siempre incierto y cada paso un tropiezo… Los maldigo entre susurros, sí, a ellos… los libros que hablan del futuro como algo conocido, previsible, manejable… lógico? Sonrío tal vez un poco desahuciada, descreída… parodiando esas frases repetidas que recitan escritores y poetas… Poesía, cuánto te agradezco la existencia! Como un cuadro surrealista, dejar que las palabras nazcan atolondradas y se vayan atrayendo, enamorando unas de otras hasta enlazarse eternamente en versos, en sinsentido… Dejarlas volcarse libres, exiliadas, desprendidas… Volverse hacia ellas, mirarlas tomar vida y a veces hasta sentir que se ríen de mí… de mi corto entender… de mi deseo de ser y no poder. Y así continúan mis días, en un eterno debate entre lo real y lo imaginario, entre la locura y la… cordura? Y salgo a la calle volviendo a armarme de presencia, aunque esta vez con cierta despreocupación… dispuesta a enfrentar las realidades más extrañas, esas que mi imaginación no es capaz de dibujar… retratando con mis ojos las imágenes casuales que se suceden frente a mi… como una bocina que suena estrepitosamente y un auto que haciendo luces me invita a subir… Y una vez más, cierro los ojos y me dejo llevar…