Veo brotar en tu lengua
las palabras asesinas
semillas que se expanden
brotes que rompen puertas
buscan luz, de tu agua
se alimentan. Crecen.
Y cuando el espacio
se hace pequeño salen
de tu boca, huyen
por tu nariz, por tus
orejas, por tus ojos.
Ya son árboles, y sus
raíces descienden por tu
garganta, se hunden
en tu existencia.
Toman de tu propia sangre
las pasiones que te recorren
y explotan
para que yo los vea, frutos.
Parecen dulces y tiernos,
y en un arrebatado
acto de la inconciencia
tomo uno entre mis manos.
Un bocado y una muerte.
Se deshace entre mis dientes
y me invade; siento
el veneno, me recorre
me va matando
lentamente
y comprendo antes
de desaparecer
las palabras desvalidas
las eternas asesinas.
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